Nº 64 Navidad 2011 El Divino Pastor

Nº 64 Navidad 2011 El Divino Pastor

 

Sumario

Ven a salvarnos Los personajes del Belén nos hablan Nace un niño Un sueño de María La verdadera historia de Papá Noel 2011 Decálogo de la sencillez Comparte tu fe

Los sacerdotes, seminaristas, catequistas, el Consejo Parroquial y los demás grupos de la Parroquia, os desean a todos vosotros, a vuestras familias y amigos una gozosa Pascua y un feliz Año Nuevo 2012.

Mensaje urbi et orbi (a la ciudad [de Roma] y al mundo) del Papa Benedicto XVI

Ven a salvarnos

Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero

Cristo nos ha nacido. Gloria a Dios en el cielo, y paz a los hombres que él ama. Que llegue a todos el eco del anuncio de Belén, que la Iglesia católica hace resonar en todos los continentes, más allá de todo confín de nacionalidad, lengua y cultura. El Hijo de la Virgen María ha nacido para todos, es el Salvador de todos.

Así lo invoca una antigua antífona litúrgica: «Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro». Veni ad salvandum nos. Este es el clamor del hombre de todos los tiempos, que siente no saber superar por sí solo las dificultades y peligros. Que necesita poner su mano en otra más grande y fuerte, una mano tendida hacia él desde lo alto. Queridos hermanos y hermanas, esta mano es Cristo, nacido en Belén de la Virgen María. Él es la mano que Dios ha tendido a la humanidad, para hacerla salir de las arenas movedizas del pecado y ponerla en pie sobre la roca, la roca firme de su verdad y de su amor (cf. Sal 40,3).

Sí, esto significa el nombre de aquel niño, el nombre que, por voluntad de Dios, le dieron María y José: se llama Jesús, que significa «Salvador» (cf. Mt 1,21; Lc 1,31). Él fue enviado por Dios Padre para salvarnos sobre todo del mal profundo arraigado en el hombre y en la historia: ese mal de la separación de Dios, del orgullo presuntuoso de actuar por sí solo, del ponerse en concurrencia con Dios y ocupar su puesto, del decidir lo que es bueno y es malo, del ser el dueño de la vida y de la muerte (cf. Gn 3,1-7). Este es el gran mal, el gran pecado, del cual nosotros los hombres no podemos salvarnos si no es encomendándonos a la ayuda de Dios, si no es implorándole: «Veni ad salvandum nos – Ven a salvarnos».

Ya el mero hecho de esta súplica al cielo nos pone en la posición justa, nos adentra en la verdad de nosotros mismos: nosotros, en efecto, somos los que clamaron a Dios y han sido salvados (cf. Est 10,3f [griego]). Dios es el Salvador, nosotros, los que estamos en peligro. Él es el médico, nosotros, los enfermos. Reconocerlo es el primer paso hacia la salvación, hacia la salida del laberinto en el que nosotros mismos nos encerramos con nuestro orgullo. Levantar los ojos al cielo, extender las manos e invocar ayuda, es la vía de salida, siempre y cuando haya Alguien que escucha, y que pueda venir en nuestro auxilio.

Jesucristo es la prueba de que Dios ha escuchado nuestro clamor. Y, no sólo. Dios tiene un amor tan fuerte por nosotros, que no puede permanecer en sí mismo, que sale de sí mismo y viene entre nosotros, compartiendo nuestra condición hasta el final (cf. Ex 3,7-12). La respuesta que Dios ha dado en Jesús al clamor del hombre supera infinitamente nuestras expectativas, llegando a una solidaridad tal, que no puede ser sólo humana, sino divina. Sólo el Dios que es amor y el amor que es Dios podía optar por salvarnos por esta vía, que es sin duda la más larga, pero es la que respeta su verdad y la nuestra: la vía de la reconciliación, el diálogo y la colaboración.

Por tanto, queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo, dirijámonos en esta Navidad 2011 al Niño de Belén, al Hijo de la Virgen María, y digamos: «Ven a salvarnos». Lo reiteramos unidos espiritualmente tantas personas que viven situaciones difíciles, y haciéndonos voz de los que no tienen voz.

Invoquemos juntos el auxilio divino para los pueblos del Cuerno de África, que sufren a causa del hambre y la carestía, a veces agravada por un persistente estado de inseguridad. Que la comunidad internacional no haga faltar su ayuda a los muchos prófugos de esta región, duramente probados en su dignidad.

Que el Señor conceda consuelo a la población del sureste asiático, especialmente de Tailandia y Filipinas, que se encuentran aún en grave situación de dificultad a causa de las recientes inundaciones.

Y que socorra a la humanidad afligida por tantos conflictos que todavía hoy ensangrientan el planeta. Él, que es el Príncipe de la paz, conceda la paz y la estabilidad a la Tierra en la que ha decidido entrar en el mundo, alentando a la reanudación del diálogo entre israelíes y palestinos. Que haga cesar la violencia en Siria, donde ya se ha derramado tanta sangre. Que favorezca la plena reconciliación y la estabilidad en Irak y Afganistán. Que dé un renovado vigor a la construcción del bien común en todos los sectores de la sociedad en los países del norte de África y Oriente Medio.

Que el nacimiento del Salvador afiance las perspectivas de diálogo y la colaboración en Myanmar, en la búsqueda de soluciones compartidas. Que nacimiento del Redentor asegure estabilidad política en los países de la región africana de los Grandes Lagos y fortaleza el compromiso de los habitantes de Sudán del Sur para proteger los derechos de todos los ciudadanos

Queridos hermanos y hermanas, volvamos la vista a la gruta de Belén: el niño que contemplamos es nuestra salvación. Él ha traído al mundo un mensaje universal de reconciliación y de paz. Abrámosle nuestros corazones, démosle la bienvenida en nuestras vidas. Repitámosle con confianza y esperanza: «Veni ad salvandum nos» [Ven a salvarnos].

 

– Navidad, 25 de diciembre de 2011

 

 

 

Los personajes del Belén nos hablan

 

La estrella: Dios se valió de mí para guiar a los Reyes… les serví para avivar su fe… “Sin duda que el Niño que buscamos es el Mesías” Les confirmé en la Esperanza… “Lo encontraremos, nos llevará al término del viaje “Les infundí aliento y fuerza. Si se cansaban, yo avanzaba para dar paso a los medios naturales… Escrituras, Doctores de la Ley y al llegar a Belén, los Magos a Belén, volví a aparecer y con mis destellos les dije jubilosa “Aquí está”. Que tu vida sea para los demás una estrella luminosa que los guíe  y les indique donde encontrar a Jesús.

 

El ángel

Jesús vino a la tierra para buscar a los hombres y los hombres no han advertido su llegada. Tiene que llamarles… y Dios me escoge a mí para darle la Buena Nueva a los pastores, la Nueva más alegre a para toda la humanidad, la venida del Salvador. Para comunicarla, los ángeles cantamos con alegría: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Cántico de triunfo, anuncio de salvación. El plan grandioso de la Redención se esconde en esta frase. Cantamos y desaparecimos con la misma rapidez con que habíamos aparecido. Misión cumplida.

Qué hermoso es el oficio de los ángeles mensajeros de Dios: conducir almas a Jesús. Hay muchos hombres que se acercarían a Él, pero no lo conocen, no tienen guía, y tú puedes y debes ayudarles. Sé un” ángel de Dios”, “un apóstol de Jesús” entre los hombres.

 

El buey y la mula

Fuimos por un designio de Dios, los testigos silenciosos de un gran acontecimiento. Al entrar María y -José en nuestra cueva vimos claramente en ellos a dos elegidos de Dios. Presenciamos la venida al mundo del Hijo de Dios. Y al ver a este Dios Niño, que nacía en una noche fría, a nuestro lado, le ofrecimos lo que pudimos: Calor.

En tu vida ayuda a todos los hombres que viven en el mundo frío, alejados de Dios, y dales con gran generosidad el calor que tú tienes en ti por vivir cerca de Él.

 

Los Reyes Magos

Buscábamos a un rey y los reyes viven en palacios… Buscábamos a un Dios, que tiene su morada en el templo… Pero la Estrella nos indica una morada sencilla y pobre; le seguimos y encontramos al Niño en los brazos de María su Madre, así lo menciona el Evangelio, porque es la expresión de una verdad teológica muy profunda y muy práctica: “El camino para llegar a Jesús es su Madre”

Lo que esperas conseguir de Jesús, pídelo por medio de María.

 

 

La paja

Soy cosa humilde y sin valor. Me emplean para alimento de los animales. También sobre mi recuestan los corderos. Esta Noche Buena, me encontraba en la cueva, parte en el suelo, parte en el pesebre. Creí que San José me echaría fuera, ¿Para qué podría servir una pobre paja? Pero con asombro e indecible alegría, vi a José que me recogía. Formaba conmigo un pobre colchón y reclinaba en mí, nada más que al Rey del Cielo y de la Tierra. Desde entonces todos los hombres me aman aunque no valgo nada.

Reconoce con alegría tu poco valor y ofrécete a Jesús, para quién vales mucho.

 

El portal

Soy una cueva que servía para establo de animales en este rincón tan pobre y rechazado de los hombres, a quienes Cristo, vino a buscar. Va a presentarse oficialmente en el mundo aquí, el que es Rey de los Cielos y Tierra.

En tu corazón nacerá Cristo, el momento se acerca, límpialo y aviva en él el fuego del amor. Dile a Cristo “Ven Jesús Ven”

El pesebre

Soy un pesebre rústico y pobre, en mí recibo la comida de los animales, estoy al servicio de ellos, pero de todos los objetos de la tierra, a mi me escogió el Salvador para ser la primera cuna que le recibiera en su venida al mundo. Yo procuraré suavizar mi rudeza y acoger con ternura al Niño Dios que se dignaba reclinarse en mí.

San José

Fuera de María, quien más participó en estos misterios fui yo. El Niño y yo también nos miramos. Miré al Niño, ese Niño que Dios me confiaba. Conocía su grandeza le adoré y en aquella adoración le hice entrega de mis manos para trabajar por El, y de mi corazón, para amarle. Y el Niño me miró agradecido y amorosamente.

Prepara bien tu alma y ofrécele tu trabajo. Acércate a Jesús con la humildad de José.

María

Me encuentro absorta en Dios. Por medio de mí Cristo vino al mundo. Cogí al Niño en mis brazos, lo envolví en pañales que le había preparado y lo recliné en el pesebre. Y por primera vez mi hijo y yo nos miramos y quedé arrobada. Vi su mirada, su corazón, su alma y su divinidad y me sentí infinitamente amada. A través de mi mirada comuniqué a mi hijo el amor de mi alma.

Cuando te acerques a adorarlo, piensa también tú como María “Ha hecho obras grandes en mí…Todo lo que tengo me lo ha dado Él.

El niño Jesús

Mi mirada atravesó las paredes de la cueva y me vi a mi mismo Centro de la humanidad y objeto de sus miradas, unos me amaban hasta el sacrificio, otros me odiaban y perseguían. Ante este panorama sonreí y lloré.

Mi mirada se detuve en ti y te amé. .. Pensé en los beneficios que te iba a dar, en el camino que tendría que recorrer por ti, para enseñarte y te ofrecí mi amor desinteresado, mezcla de sufrimiento y muerte, para darte a ti la felicidad y la vida

Haz tuyas estas palabras: “Ha pensado en mí eternamente, me ha amado eternamente, me ha dado todo lo que soy, y yo, ¿Qué le doy a Él?

Los pastores

Venimos presurosos y encontramos a María, a José y al Niño reclinado en el pesebre. Nos arrodillamos y le adoramos. Le hicimos entrega de los regalos que en nuestra pobreza podíamos darle: ¿Leche, queso, algún cordero…? Es el amor, que nunca se presenta con las manos vacías. El amor da de lo que tiene y puede. El Niño, no tenía necesidad de nuestros obsequios, pero son su mirada lo agradeció, porque sabía que ellos son la manifestación de amor y eso so que lo esperaba Dios de los hombres.

Amarás al Señor tu Dios. No te conformes con adorar a Jesús. Preséntate siempre con algo que le demuestre tu amor… un sacrificio…un trabajo apostólico… y trata de tener como los pastores un alma sencilla, humilde, recta y llena de amor.

Las ovejas

Desde la antigüedad hemos sido para los hombres juguetes, vestido, comida y hemos sido elegidos para ofrecernos en sacrificio a Dios. Esta Noche Buena nuevamente fuimos escogidos por los pastores, después de escuchar la Buena Nueva, para llevarnos como obsequio a Jesús recién nacido. Y vimos al Niño y el Niño nos miró y reconocimos en al Buen Pastor, que conoce a sus ovejas que las cuida, que las busca si se extravían, que las lleva en brazos al redil. Y nos pareció oírle decir “Yo soy el Cordero de Dios”

Sigue siempre al Buen Pastor, y sírvele como instrumento para ayudar a otros a entrar en el redil, por la puerta de Cristo.

 

Nace un niño

Cuando entraban con el Niño Jesús, sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley. Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

“Ahora Señor,  según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quién has presentado ante todos los pueblos; luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel”. (LC; 2 22-40)

Revueltas, guerras, desastres, opresión de los romanos, guerrillas y terrorismos de los Zelotas que querían traer una salvación por medio de la fuerza pues en la oración y en la piedad no creían, desórdenes morales, como los que nuestro mundo sufre.  Y falsos, muchos falsos profetas. Y mientras Simeón esperaba el Salvador de ese, pueblo que él veía, no otro mejor del suyo puesto que era él, el que vería al Salvador.

Y ante ese mundo suyo, ante nuestro mundo igual al de hace 2.000 años, nace UN NIÑO. No hay duda un Niño, justo lo que necesita el mundo, un Niño indefenso que no puede hacer nada, ni valerse por sí mismo, un Niño que pone alegría donde hay tristeza, que pone esperanza donde no la hay, que pone sonrisas donde hay lágrimas, que perdona y que olvida las ofensas enseguida, un Niño que es Dios y cuyas lágrimas no derrama en falso, cuya sonrisa hace milagros, un Niño que todo lo puede, porque es un Niño que es Dios, que es el SALVADOR.

Madre de la Esperanza, tú que pones hoy en nuestros brazos a Jesús, como lo hiciste con Simeón, tú que traes el Salvador de nuestro Israel- el que todos llevamos dentro, el pequeño de nuestra vida- y el de los grandes Israeles del mundo que cada vez está más confundido.

Tú Madre, ¡Enséñanos a esperar en Él! Como esperó Simeón y como han esperado tantos Simeones, con optimismo, sabiendo que es a Dios al que traes y que cumple todas las promesas porque Dios es fiel y lo puede todo.

Madre, te lo pedimos como hijos tuyos que somos y porque sabemos que nos lo vas a conceder.

 

Un sueño de María

Tuve un sueño José: No lo pude comprender, realmente no, pero creo que se trataba del nacimiento de nuestro hijo. Creo que sí era acerca de esto. La gente estaba haciendo los preparativos con seis semanas de anticipación. Decoraban las casas y compraban ropa nueva. Salían de compras muchas veces, y adquirían elaborados regalos. Era muy peculiar ya que los regalos no eran para nuestro hijo. Los envolvían con hermosos papeles y los ataban con preciosos lazos, y todo lo colocaban debajo de un árbol. Sí,  un árbol José, dentro de sus casas. Esta gente estaba decorando el árbol también. Las ramas llenas de bolas de colores y adornos que brillaban. Había una figura en lo alto del árbol.  Me parecía ver un ángel, ¡Oh, era verdaderamente hermoso! Toda la gente estaba feliz y sonriente. Todos estaban emocionados por los regalos. Se los intercambiaban unos con otros, José, no quedó ninguno para nuestro Hijo. Sabes, creo que ni siquiera lo conocen, pues nunca mencionaron su nombre. ¿No te parece extraño que la gente se meta en tantos problemas para celebrar el cumpleaños de alguien que ni si quieren conocen? Tuve la sensación de que si nuestro Hijo hubiera estado en esa celebración hubiese sido un intruso solamente. Todos estaba tan hermoso, José, y todo el mundo feliz, pero yo sentí enormes ganas de llorar. Qué tristeza para Jesús, no ser deseado en su propia fiesta de cumpleaños. Estoy contenta porque sólo fue un sueño. Pero que terrible, José, si eso hubiese sido realidad.

 

 

 

La verdadera historia de Papá Noel

Hola, Soy San Nicolás y como todos vosotros, en Navidades voy al Portal de Belén a adorar al Niño Jesús. Mi verdadero nombre es Nicolás, aunque mi nombre se ha modificado con los siglos llamándome “Sankt Nikolaus” o “Santa Claus”, aunque ahora también se me conoce como “Papá Noel” o simplemente como “Santa”.

Nací el año 310 en Bari. Fui obispo de Myra en Turquía (lo reconoceréis por la cruz y el báculo), por eso voy también de rojo (vestimentas del obispo de aquella época). Hoy me representan con un gorro también rojo, porque como obispo llevaba la Tiara, que llevan los obispos, como el nuestro D. Joaquín, en ocasiones especiales. Mi lema en la vida fue: “Sería un pecado no repartir mucho cuando sabemos que Dios nos ha dado tanto.” Pero, lo que más feliz me hacía era ayudar a los niños para hacerles felices repartiéndoles incluso juguetes. (Por eso siempre aparezco en Navidad.)

En tiempos del emperador Diocleciano se organizó, una persecución terrible para acabar con todos los cristianos de la tierra. A pesar de la feroz persecución, nunca perdí el sentido de humor ni la alegría (de ahí el típico “jo, jo, joo.”) Mis hermanos católicos siempre estuvieron alegres en todo momento y yo lo debo estar siempre, por creer en Jesús. Eso es lo que enseñaba a los niños cuando les hablaba acerca del nacimiento de Jesús en quién ponía toda mi esperanza. ¡Feliz Navidad!

 

2011

Hoy cierras un volumen más de la historia de tu vida.

Cuando comenzaste este libro era todo tuyo. Te lo puso Dios en tus manos. Podías hacer de él lo que quisieras: Un poema, una pesadilla, una blasfemia, una oración, podías; hoy ya no puedes, no es tuyo, ya lo has escrito, ahora es de Dios. Te lo va a leer Dios el día mismo en que mueras, con todos sus detalles. Ya no podrás corregirlo. ¡Ha pasado al dominio de la eternidad! Piensa unos momentos esta Noche Vieja. Toma tu libro viejo y ojéalo despacio. Deja pasar sus páginas por tus manos y por tu conciencia; ten el gusto de leértelo a ti mismo. Lee todo. Repite aquellas páginas de tu vida en las que pusiste tu mejor estilo; no te olvides de que uno de tus mejores maestros eres tú mismo. Lee también aquellas páginas que nunca quisieras haber escrito. No intentes arrancarlas, es inútil. Ten valor para leerlas. Son tuyas, no puedes arrancarlas, pero puedes anularlas cuando escribas tu volumen siguiente. Si lo haces así, Dios las pasará de corrido cuando lea tu libro en tu último día.

Lee tu libro en la Noche Vieja. Hay en él trozos enteros de ti mismo. Es un drama apasionante en el que el primer personaje eres tú.

 

Tú en escena con Dios, con los hombres, con la vida. Tú lo has escrito con el instrumento asombroso de tu libertad sobre la superficie inmensa y movediza del mundo. Es un libro, misterioso que en su mayor parte, la más interesante, no puede leerlo nadie más que tú. Si tienes ganas de besarlo, bésalo. Si tienes ganas de llorar, llora fuerte sobre tu libro viejo. Tómalo en tus manos, levántalo hacia el cielo y dile a Dios dos palabras: “GRACIAS Y PERDÓN”.

Después dáselo a Cristo. No importa cómo esté aunque tenga páginas negras Cristo sabe perdonar.- esta noche te va a dar Dios otro libro, completamente blanco y nuevo. Es todo tuyo. Vas a poder escribir en él lo que quieras. Pon en él, el nombre de Jesús en la primera página. Después dile que no te deje escribirlo sólo. Dile que te tenga siempre de la mano y del corazón.

 

Decálogo de la sencillez

1. Vivir la sencillez es no necesitar tener muchas cosas para ser feliz, no cayendo en el consumismo ni en las modas que nos obligan a comprar lo nuevo, lo último.

2. Vivir la sencillez es tener más alegría al dar, o al compartir, que al recibir, porque has descubierto el poder misterioso que tiene la palabra gratuidad.

3. Vivir la sencillez es vaciar el corazón de todas las cosas innecesarias que lo ocupan, y llenarlo del tesoro de la amistad, de la cercanía y del encuentro humano con los demás.

4. Vivir la sencillez es creer que tu valía y dignidad está en lo que eres como persona y no en lo que tienes o posición social que ocupas.

5. Vivir la sencillez es solidarizarte con tantas hermanas y hermanos de tu familia humana que viven injustamente en la pobreza y necesidad, y te movilizas e implicas porque no quieres vivir mejor que ellos.

6. Vivir la sencillez es poner tu confianza y seguridad no en el dinero o posesiones, sino en tus bienes espirituales, en tus convicciones y creencias, en tu Fe, en tus capacidades, en tu fuerza interior y en la de aquellos que te aman y aprecian.

7. Vivir la sencillez es trabajar para vivir y no vivir para trabajar.

8. Vivir la sencillez es disfrutar de los innumerables regalos que la vida, la Naturaleza, te ofrece constantemente cada día, y que pasan desapercibidos para la mayoría de gente.

9. Vivir la sencillez es respetar y cuidar de la Naturaleza con tu forma de vivir, reciclando, reutilizando, reduciendo el consumo innecesario.

10. Vivir la sencillez es utilizar tu dinero para que tú y tu familia podáis vivir con dignidad, y para que los demás también puedan vivir con dignidad si lo inviertes en banca ética y si te habitúas a exigir productos que provengan del comercio justo y del comercio local.

 

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