Nº 51 Semana Santa 2009 El Divino Pastor

El Divino Pastor Nº 51

El Divino Pastor Nº 51

Sumario:

Vivir la Semana Santa
El día del Sol
Campamentos de verano 2009
Via Crucis con las familias

Para hacer una buena confesión

Vivir la Semana Santa

jesuscrucificadoDurante la Semana Santa, la Iglesia celebra los misterios de la salvación realizados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén, y terminando con su resurrección de entre los muertos.

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.

(5 de abril de 2009)

La Iglesia entra en el misterio de su Señor crucificado, sepultado y resucitado, l cual, entrando en Jerusalén, dio un anuncio profético de su poder. Contiene a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de su Pasión. Los cristianos llevan ramos en sus manos como signo de que Cristo, muriendo en la cruz, triunfó como Rey. Habiendo enseñado el Apóstol: «Si sufrimos con él, con él también seremos glorificados» (Rm. 8,17). Comienza la Semana Santa.
Bendición de los ramos: Misa de 10:00, 11:00, 12:00 y 13:00 h


Miércoles Santo.

(Miércoles 8 abril de 2009)

Celebración Comunitaria de la Penitencia. Confesiones. A las 20:00 h. En la Parroquia del Divino Pastor (Móstoles)


Jueves Santo en la Cena del Señor

(9 de abril de 2009)
Con la Misa que tiene lugar en las horas vespertinas del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella cena en la cual el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los Apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen.
Jueves Santo en la Cena del Señor.
Misa de la Cena del Señor a las 19:00 h
Hora Santa a las 23:00 h
Visitas al monumento: De 20:00 a 0:00 h
I aniversario Adoración Eucarística.
Adoración Eucarística durante toda la noche del Jueves Santo al Viernes Santo. Es necesario apuntarse antes, preguntar en el Despacho Parroquial.

Viernes Santo de la Pasión del Señor

(10 de abril de 2009)
En este día, en que «ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo (1Co 5,7), lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración, se ha cumplido con plena eficacia: el cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas» (cf. San León Magno).
En efecto, «esta obra de la Redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada antes por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (SC 5). La Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo. Ayuno y abstinencia.
Viernes Santo de la Pasión del Señor.
Laudes a las 9:00 h
Visitas al monumento de 9:00 a 13:00 h
Vía Crucis a las 12:00 h
Viernes Santo: 16:30 h. Inicio de la Novena a la Divina Misericordia
Muerte del Señor a las 17:00 h


Sábado Santo de la Sepultura del Señor

(11 de abril de 2009)
Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del
Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso a los infiernos, y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, quedando desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, con cuya exhuberancia iniciarán los cincuenta días pascuales.
Del sábado 11 al domingo 19 de abril: Continúa la Novena a la Divina Misericordia. A las 18:30 cada día.

Vigilia Pascual

(11 de abril a las 23:00 h)

Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como «la madre de todas las santas Vigilias» (San Agustín).
Durante la vigilia, la Iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana. Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12,35-48), deben asemejarse a los criados que con las lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.

Vigilia Pascual a las 23:00 h.

Domingo de Pascua de La Resurrección del Señor

(12 de abril de 2009)
Cristo ha resucitado, resucitemos con él. La Resurrección de Cristo es el centro de la vida cristiana y el fundamento de nuestra fe. El sepulcro vacío es anuncio del misterio de la Resurrección y se convierte para los apóstoles en una verdad absoluta que anuncian con firmeza. Es el gran misterio y el anuncio que envuelve la vida del discípulo de Cristo.


Misas a las 10:00, 11:00, 12:00, 13:00 y 19:30 h


El día del Sol

Jesús en la Última Cena

Jesús en la Última Cena

El día llamado ‘Del sol’ (domingo) los cristianos se reúnen. Ya sea que vivan en la ciudad, o bien en el campo, llegan todos al mismo lugar.
Nos reunimos ‘el día del sol’ (domingo) por ser el día de la creación, y también por ser el día en que resucitó nuestro Salvador.
Hasta donde el tiempo lo permite, leemos lo que dejaron escrito los Apóstoles y los Profetas. ; En cuanto el lector concluye, aquel que preside la reunión nos dirige amonestaciones y consejos, para animarnos a que vivamos así como vivió Jesús. Luego todos juntos nos ponemos de pie, y elevamos oraciones.
A continuación los encargados traen pan, vino y agua.
Entonces el que preside formula la oración de alabanza y de agradecimiento con todo el fervor de su alma; y los presentes contestan en voz alta: ¡Que así sea! (amén).
El pan y el vino, una vez bendecidos con las palabras mismas de Jesús, son repartidos entre los presentes; también son enviados, por conducto de diáconos, a los que no han podido llegar a la reunión (…)
Finalmente, los que tienen bienes abundantes y quieren compartirlos, dan lo que es su voluntad.
Con aquellos donativos, el que preside la asamblea socorre a los huérfanos, a las viudas, a los enfermos, a los pobres, a los presos, y a los viajeros, en una palabra a todos los necesitados.

(Justino, S. 11)

La Misa

Señor: El DOMINGO, también será día del Sol, y nuestro cenáculo, será preparado como entonces por uno de tus discípulos, aunque tú secretamente ya lo tenías todo preparado para que nadie pudiera interrumpirte en este momento tan íntimo, quieres estar a gusto con nosotros tus amigos, no quieres que haya ninguna distracción, quieres estar a solas con tus discípulo e íntimamente con tus elegidos.
Y comenzaremos la Misa como tú comenzaste hablando de Dios Padre, de Ti su hijo y del Espíritu Santo que nos prometes “en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” como nos narran los evangelios en el discurso de Jesús antes de instituir el sacramento de la Eucaristía (Jn 14,25)
Pediremos humildemente perdón por nuestros pecados como el publicano en el templo sin poder levantar la mirada y tú una vez más nos perdonarás porque has venido a perdonamos y no a condenamos. Y como Pedro te diremos Señor ten piedad de mí que soy un pecador”.
En medio de este clima tan solemne y a la vez con esa sensación de tristeza pues este sacramento es la víspera de tu Pasión dolorosa entonaremos el himno que los ángeles te cantaron otra noche… no más gloriosa que ésta auque sí un poco menos dramática GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y PAZ A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD.
Seguidamente el sacerdote In Persona Christi Tú en su persona, dirá Oremos y rezará la oración Colecta (Jn 17,15; Jn 18,1)
Padre Santo no te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos mediante la verdad; tu palabra es la verdad. Así como Tú me has enviado al mundo yo también los envío al mundo Que vivo y Reino contigo en unión del Espíritu Santo que es Dios por los siglos de los siglos AMÉN.

La Cena de Emaús

La Cena de Emaús

Nos sentaremos y escucharemos las lecturas que nos hablarán de Ti al que no reconocemos a veces pues nuestras mentes están embotadas y porque somos tardos y torpes para creer lo que dieron los profetas y será cuando tú el divino Caminante que un día se puso al lado de los discípulos de Emaús nos abrirá los ojos a la luz y el corazón a la esperanza y empezando por Moisés y todos los profetas nos interpretarás lo que sobre Tí hablan las escrituras. Entre medio diremos salmos como el antiguo pueblo de Israel y ese Shemá Israel sonará ahora más solemnemente que entonces pues es recitado por tu nuevo Pueblo.
Seguidamente diremos Creo, Creo Señor pero ayuda mi fe. Creo en todo lo que tú me has dicho y creo en todo lo que tú eres junto con Tu Padre y el Espíritu Santo, creo en tu Santa Iglesia una, santa y católica y espero resucitar al final de los tiempos junto a las almas que más quiero y las almas que me has encomendado para gozar de Ti en el Cielo.
También nosotros te diremos después ¡Quédate con nosotros! Puesto que cae la tarde y nuestros corazones ardían mientras nos explicabas las escrituras y Tú nos partirás el pan para que te podamos reconocer.
Después del Credo pediremos por toda la Iglesia Militante encabezada por el Papa y los Obispos, por la Iglesia Purgante en unión a la Iglesia Militante.
Llegará el momento de las ofrendas y nos acordaremos del reproche de Dios “Él no quiere ofrendas ni holocaustos” y nos ofreceremos nosotros en la patena pues Él nos ha dado un Cuerpo digno de sacrificio y diremos ¡Heme aquí para hacer tu voluntad!
Será entonces cuando tú Sacerdote, el Profeta de la Nueva Alianza con los brazos extendidos intercederá ante Dios por nosotros y elevará los brazos como un día hizo Moisés en la cumbre de una colina y será el modo como Dios Padre se complacerá de nuestras oraciones y sacrificios y nos hará ahora sí dignos del Sacrificio de su hijo.
Llegará el momento de la Consagración ¡Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer! (Lc 22 7,15) En este momento serás Tú en persona el que tomarás pan en tus santas y venerables manos y elevando los ojos al cielo hacia Dios Padre tuyo y nuestro, darás gracias, y nos lo darás a nosotros tus discípulos Diciéndonos “TOMAD y COMED TODOS DE ÉL PORQUE ESTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS”
Y del mismo modo tomarás el Cáliz glorioso en tus santas y venerables manos, y dando gracias bendecirás a tu Padre y nos lo darás diciendo “TOMAD Y BEBED TODOS DE EL PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA y ETERNA QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS”
“HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA”
Y el silencio será cortado por el grito “ESTE ES EL MISTERIO DE LA FE” Y se nos abrirá ese resquicio del Cielo del que nos habla Juan Pablo II en “Ecclesia de Eucaristia” proclamando ¡Anunciamos tu reino proclamamos tu resurrección ven Señor Jesús!
Después pediremos por todos los vivos y los muertos y pediremos que junto con ellos, todos seamos llevados al Cielo en unión con la Virgen María, San José y todos los santos.
Llegará el momento de la paz y nos acordaremos de si hemos ofendido a nuestros hermanos en algo ¡Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden!
Y una vez más nos enseñarás la oración que enseñaste a tus apóstoles y con los brazos extendidos para que Dios Padre acoja nuestra oración entonarás la oración y todos te seguiremos para que nuestra oración vaya encabezada por la tuya y sea digno en el altar de tu Padre.
Una vez que orado daremos la paz a nuestros hermanos desde el altar vendrá tu paz, desde tu Cuerpo y tu Sangre hacia todos nosotros Uno a uno Jesús nos dejará y dará su paz no cono el mundo nos la da y desde este momento ya no nos llamará siervos sino amigos porque nos ha dado a conocer todas las cosas que ha oído a su Padre, y nos felicitará por participar de su sacerdocio.
Será en este momento cuando Tu Cuerpo será levantado y atraerás todos hacia Ti y nosotros te reconoceremos. Serán entonces cuando se oiga la voz del Centurión, de Longinos, al ver el milagro de Tu corazón abierto por amor a nosotros y abierto para hacer el último milagro “En verdad Éste era el Hijo de Dios” Y todos junto con San Juan Bautista te señalaremos como el Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo y se oirá la voz del Otro Centurión “Señor no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme” y lo repetiremos por los siglos de los siglos AMÉN.
Llegará el momento de la comunión.
Uno a uno iremos comulgando de éste Tu Cuerpo y de ésta Tu Sangre que eres Tu Jesucristo y lo haremos casi sin damos cuenta como los apóstoles pero con la misma dignidad y con la misma devoción que ellos aquella noche misteriosa de Jueves Santo que desde entonces engendra santos, vírgenes y mártires.
E iremos repitiendo uno a uno en nuestro interior “Yo quisiera Señor recibiros con aquella humildad y devoción con la que os recibió vuestra Santísima Madre en sus años de soledad de manos de los apóstoles.
Y para concluir tu Sagrada Cena, en la persona el sacerdote dirás la oración final “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los hombres sabios y a los entendidos y se las has manifestado a los sencillos. Sí, Padre, porque así has querido ¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! (Le 10,21-23)
Y nos darás tu bendición como lo hiciste un día a los niños “humildes y sencillos” que son los merecedores del Reino de los Cielos
Será entonces cuando salgamos en tu compañía por la puerta del Cenáculo rumbo a Getsemaní donde iremos a ganar todas las batallas de nuestra salvación y de la salvación de nuestras almas encomendadas. ¡Te diremos junto a Nuestro Padre que no te dejaremos sólo! Iremos con paso decidido, ya no con tanto temor como ese día tenían tus apóstoles pues iremos Contigo y Tú irás en nosotros iremos detrás de Tí sufriente pero que llevas ahora las huellas de tu Resurrección prenda de la nuestras si te somos fieles hasta la muerte. E iremos cada uno junto a Ti que ahora harás de Cireneo, a nuestro pequeño Calvario donde me dirás Hoy estarás conmigo en el Paraíso.
¡Señor no me dejes caer en la tentación!
Y desde mi Cruz veré a los pies a Tu Santísima Madre y Madre mía que me acompañará y me enseñará a morir a mí mismo para dar la vida Eterna a todos los que me rodean.
Santa María ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte AMÉN.

P. Pablo Fernández López-Peláez.


Campamentos de verano 2009

Campamentos de verano 2009

Campamentos de verano 2009

Los Campamentos de la Asociación Llambrión están organizados entre diversas parroquias de la Diócesis de Getafe. Desean ofrecer a los niños y jóvenes de nuestras parroquias una forma de disfrutar el verano en un ambiente sano y cristiano. Lo más importante es que los chicos lleven mucha ilusión, ganas de pasárselo bien, de hacer muchos amigos y de conocer a Jesús, nuestro Amigo.
Al segundo hermano que vaya a cualquier campamento organizado por la Asociación Llambrión se le ofrece un descuento de 30 €. El tercer hermano puede ir gratis. La fecha límite para entregar la preinscripción es el 1 de julio de 2009. Para más información visite la web: www.llambrion.com o consulte en el Despacho Parroquial.
Edades: Para chicos y chicas de 9 a 12 años. 4º, 5º y 6º de Primaria. Lugar: En Vega de Espinareda (León). Fecha: Del 20 al 30 de julio 2009.Precio: 210 €
Edades: Para chicos y chicas de 12 a 14 años. 1º y 2º de la ESO. Lugar: En Rozas de Puerto Real (Madrid). Fecha: Del 20 al 30 de julio 2009.Precio: 210 €
Edades: Para chicos y chicas de 14 a 16 años. 3º y 4º de la ESO. Lugar: En Hoyos del Espino (Ávila). Fecha: Del 1 al 13 de julio 2009.Precio: 220 €
Edades: Para chicos y chicas a partir de 16 años. De 1º de Bachillerato en adelante. Lugar: Soto de Valdeón (León) Picos de Europa. Campamento “Santiago Durán”. Fecha: Del 3 al 16 de julio 2009.Precio: 220 €
Edades: Para chicos y chicas a partir de 16 años. De 1º de Bachillerato en adelante. Lugar: Soto de Valdeón (León) Picos de Europa. Campamento “Santiago Durán”. Fecha: Del 15 al 28 de julio 2009.Precio: 220 €

Via Crucis con las familias

ORACIÓN INICIAL

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R. Amen.
El Vía-crucis es un ejercicio piadoso y comprometido. Queremos seguir a Jesucristo en su camino del Calvario. Queremos comulgar con sus padecimientos para conocerlo mejor y para participar en su resurrección. Queremos a su vez comprometernos con todos aquellos que hoy continúan soportando cruces o siguen clavados en la cruz. Cristo aún camina con la cruz a cuestas entre nosotros. No es que la cruz de Cristo sea muy grande, es que Cristo está en todas las cruces. Hay caminos de cruz en Jerusalén, en Roma, en todas las ciudades y pueblos, en todas las familias y comunidades de la sociedad.
El camino de la cruz es tan grande que nunca le agotaremos, y es tan piadoso que nunca nos cansaremos; comprendemos y no acabamos de comprender. El misterio no está en la cruz, sino en el que está crucificado en ella. La cruz sola es maldición, la cruz con Cristo es fuente de bendición.

I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte

I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte

I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte
– Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
El matrimonio condenado
Cristo fue condenado. Porque quiso y porque nos quiso. Fue condenado con falsas acusaciones. Le condenaron porque no respetaba las tradiciones, Él que había dicho que no había venido a destruir, sino a perfeccionar. Le condenaron porque se oponía al Cesar, Él que había dicho que había que dar al Cesar lo que era del Cesar. No importaba, le condenaron a muerte.
Hoy la institución matrimonial también es condenada. Se le califica y se le condena como una realidad del pasado. Algo que ya no sirve para hoy. No son pocos los que dicen que el matrimonio no es válido para hoy y se unen libremente, dispuestos a separarse cuando surja la primera dificultad. Se condena al matrimonio porque, dicen, impone una convivencia diaria que quita la libertad al individuo. Se condena al matrimonio, porque no quieren comprometerse “para siempre”. Se condena al matrimonio porque se considera a los hijos como a una carga y no como un gozo.
¿Por qué suceden estas cosas? ¿No será porque los cristianos no hemos sabido presentar una imagen atractiva de nuestros matrimonios?

Oración: Señor Jesús, que pasaste treinta años de tu vida en familia. Ayúdanos a imitar en nuestros hogares las virtudes de la familia de Nazaret y saber presentar a los hombres la auténtica imagen de la familia cristiana. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

II ESTACIÓN: Jesús con la cruz a cuestas

II ESTACIÓN: Jesús con la cruz a cuestas

II ESTACIÓN: Jesús con la cruz a cuestas

-Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

El matrimonio tiene que tomar la cruz de la convivencia diaria.

Cristo Jesús, después de ser brutalmente azotado y coronado de espinas, tiene que cargar con su cruz, es decir, con nuestras cruces. Con pocas fuerzas, pero con mucho amor.
El matrimonio es una comunidad de vida y amor. En él todo ha de ser compartido: lo que tenemos, lo que hacemos y lo que somos. Y compartirlo con gozo. Pero con el tiempo aparecen los defectos disimulados, ocultos, “perdonados en el noviazgo”. Estar juntos día y noche, un día y otro día, un año y otro año puede ser para algunos una pesada cruz. Es la cruz de la convivencia diaria, de la pesada rutina. Una cruz que en algunos casos se hace dura y difícil. Pero esa cruz también redime y salva.

Oración: Ayúdanos, Señor, a cargar con la cruz de cada día, a saber descubrir la grandeza de las cosas pequeñas, a no olvidar que “quien es fiel en lo poco, lo será también en lo mucho”. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

III ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez

III ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez

III ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez
– Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Primera caída de los matrimonios: las sospechas, los celos.

Todavía no habían salido de Jerusalén y Cristo ya no puede con el madero de la cruz. Y cae en tierra. Cae en el suelo con la cruz encima. Sobre su figura derrumbada la mirada amenazadora e indiferente de los verdugos.
Inevitablemente pasan los primeros años del matrimonio. Con el paso del tiempo se pagan las primeras ilusiones. Se ven las cosas con menos pasión y con menos ilusión. El color rosa de los primeros momentos da paso al color gris-morado de la realidad monótona de cada día. En muchos casos el amor se enfría y se debilita. Aparecen la soledad, las lágrimas silenciosas, las caras largas. Es el momento del amor herido. Y surgen inevitablemente las sospechas, los celos que tanto hacen sufrir.
Esta suele ser la primera caída de muchos esposos, que un día de prometieron felicidad y fidelidad eterna, y ahora parece que aquellas promesas no se ven cumplidas.
Oración: Señor, danos tu gracia y tu ayuda para que en nuestros hogares mantengamos siempre firme la ilusión de los primeros días y para que el amor de los esposos sea cada día más firma y estable. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

IV ESTACIÓN: Jesús se encuentra con su Madre

IV ESTACIÓN: Jesús se encuentra con su Madre

IV ESTACIÓN: Jesús se encuentra con su Madre
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
El dolor de la madre ante los hijos.
María estaba preparada para el dolor. Cuando presentó a su hijo en el Templo de Jerusalén a los pocos días de nacer le dijeron que “una espada le atravesaría el alma”. María había sufrido en Belén, en Egipto, en Nazaret, en la pobreza, en tantas ocasiones.
Pero ver a hijo cargado con la cruz, coronado de espinas, ensangrentado era distinto. Era el dolor de una madre por sus hijos que había sido prendido en la oscuridad de una noche, juzgado sin garantías legales, condenado a muerte como un vulgar malhechor, y que iba camino del patíbulo cargado con una cruz de madera. Era ciertamente un dolor profundo como ningún otro.
Hoy son muchas las madres que sufren por sus hijos: es el dolor de una madre ante su hijo deficiente físico o psíquico, ante el hijo que prometía mucho y se vuelve un calavera, ante el hijo que no encuentra trabajo, ante el hijo que se encamina por los senderos de la droga o de la delincuencia. Siempre será la madre la que más sufra y la sufra en silencio.
Oración: Señor Jesús, que tuviste a tu lado a tu Madre en el momento supremo del camino al Calvario, ayuda a cuantas madres sufren en silencio por sus hijos, dales fortaleza y valentía para sobrellevar su dolor y hazlas el valor del sufrimiento. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

V ESTACIÓN: El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

V ESTACIÓN: El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

V ESTACIÓN: El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Los esposos tienen que ser mutuamente cirineos.
Los verdugos no tenían compasión. Querían que Jesús no se les muriera por el camino y llegara vivo al calvario. Querían clavarlo en la cruz y que muriera crucificado. Querían completar su obra. Por eso, y para que no se les muriera por el camino -no por compasión- buscan un hombre para que lo ayudara a llevar la cruz. Y encontraron a Simón de Cierne. Él no sabía quien era el hombre de la cruz. De haberlo sabido lo hubiera hecho encantado.
Nadie en la vida está libre de una cruz. Cada cual lleva la suya, aunque no lo parezca. Aunque traten de escaparse de ella. También la hay en los esposos. Cada familia lleva su propia cruz. Será diferente, pero será cruz. Para unos la cruz es el agobio económico, para otros el paro. Para unos la cruz serán los hijos, para otros la enfermedad. Lo cierto es que no hay familia sin cruz.
Pero en el matrimonio todo es común, todo debe ser compartido por los esposos. Para los dos maderos a veces pesados de la cruz matrimonial – la que sea- debe haber cuatro hombros dispuestos a compartir el peso de la cruz. Los esposos deben ser cirineos el uno para el otro. Sólo así serán de verdad comunidad matrimonial.
Oración: Señor Jesús, que en el camino del Calvario tuviste en Simón de Cirene una ayuda para llevar la cruz, haz que los esposos sean cirineos el uno para el otro; que ambos esposos sepan ayudarse a llevar la cruz de cada día. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

VI ESTACIÓN: La Verónica enjuga el rostro de Jesús

VI ESTACIÓN: La Verónica enjuga el rostro de Jesús

VI ESTACIÓN: La Verónica enjuga el rostro de Jesús
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
La madre limpia la cara de todos los suyos.
Cristo cargado con la cruz, sigue su camino hacia la cumbre del Calvario. Su cara está manchada de sangre y de polvo. Su cabeza coronada de espinas. Apenas puede ver. Ha perdido la belleza. A ambos lados del camino el gentío mira. Una mujer valiente, desafiando el “qué dirán” sale de las filas, atraviesa la calle, se acerca a Jesús y le limpia con un paño el rostro desfigurado. Le alivia por unos momentos el dolor. Dice la tradición que en el paño de aquella mujer quedó marcada para siempre la imagen de Jesús.
¡Cuantas veces en la vida de familia hay caras marcadas por las arrugas, por el cansancio, por el duro trabajo, por la enfermedad, por las contradicciones y problemas, por el dolor!
Es el momento en que haya alguien dispuesto a limpiar, a ayudar, a compartir, a entregarse. Unas veces -las más- será la madre. Otras tendrá que serlo el marido. Pero siempre será necesario que alguien, como la Verónica, esté dispuesto a limpiar el dolor ajeno. Alguien dispuesto a sacrificarse para que los demás puedan aliviar su dolor.

Oración: Señor Jesús, que camino del Calvario tuviste el consuelo de que una mujer te limpiara el rostro; ayuda a los esposos para que estén siempre atentos al dolor que pueda haber en su hogar para ayudar y compartir, para aliviar y consolar. Por Cristo Señor Nuestro. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

VII ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

VII ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

VII ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Segunda caída de los esposos: el problema de los hijos.
Jesús, ya a las afuera de Jerusalén, vuelve a caer. La ayuda del cirineo no era suficiente. Le faltaban las fuerzas y cae de nuevo en tierra aplastado por el madero de la cruz.
Los hijos son muchas veces, más que una alegría, un problema serio. Hoy más que nunca. Para muchos padres son una pesada carga, que les lleva a volver a caer en el desánimo y en el desaliento.
Unas veces es una enfermedad del hijo lo que preocupa y angustia. Otras, las más, son los malos pasos que dan, su rebeldía, el paro. Incluso, la delincuencia y la droga.
¡Cuántos disgustos nos dan a veces!
Hay momentos en los que incluso parece que nos arrepentimos de haberlos traído al mundo. Nos pesan, como a Jesús le pesaba la cruz. Nos hacen sufrir, nos hacen caer en el desconsuelo y la desesperación.

Oración: Señor Jesús que caíste en tierra por segunda vez aplastado por el peso del madero de la cruz, ayuda a los padres que sufren el dolor y el desconsuelo que les producen muchas veces sus propios hijos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

VIII ESTACIÓN: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

VIII ESTACIÓN: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

VIII ESTACIÓN: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
El llanto por los hijos.
En el camino del Calvario que recorrió Jesús, no todo fueron ofensas para Él. Sabemos que un pequeño grupo de mujeres, viendo cuanto sufría y viendo el dolor de su madre, lloraban por Él. Fue como una lejana caricia. Jesús se paró ante ellas y con voz casi sin fuerzas, les dijo: “No lloréis por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”.
Junto a los días de afecto y cariño, junto a los días apacibles y buenos, junto a las alegrías que muchas veces proporcionan los hijos, existen también otros días de sufrimiento y dolor. Son los momentos en que hay que tragarse las lágrimas de la soledad, son los momentos en los que el llanto brota espontáneo. Son los momentos del dolor por los hijos que traen suspensos en sus estudios, del dolor por el hijo al que despiden del trabajo, el dolor por el hijo que con frecuencia llega a casa bebido y encamina su vida por los senderos del alcohol. ¡Hay veces en que hacen sufrir tanto que se llora por ellos!
El camino de las lágrimas es un camino muy recorrido por las madres. ¿Qué madre no ha llorado alguna vez por su hijo?

Oración: Señor Jesús, que camino del Calvario consolaste a unas mujeres que lloraban por ti; consuela hoy a las madres que lloran por sus hijos. Dales ánimo y valor. Por Cristo nuestro Señor. Amén
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

IX ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

IX ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

IX ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Tercera caída en el matrimonio: la enfermedad.
Ya faltaba poco para llegar a la cumbre del Calvario. Apenas unos metros. Pero Jesús no podía más. Estaba desangrado. Había llegado al límite de sus fuerzas, no podía más y cae al suelo bajo el madero de la cruz por tercera vez.
En la vida de las familias no hay problemas insolubles, cuando hay salud y fuerzas para afrontarlos. “Mientras haya salud…”, solemos decir. Pero, cuando menos lo esperamos, surge la enfermedad, la operación difícil, el accidente laboral o de tráfico, el tumor que tanto nos asusta. Y todo se nos derrumba a nuestro alrededor. Nos faltan las fuerzas. Nos dan ganas de revelarnos. “¿Por qué a mí, Señor? ¿Por que nos tenía que tocar a nosotros?”.
La cruz se hace demasiado pesada para nuestros hombros. Y caemos bajo el peso del dolor. Surge la desesperación, se reniega de todo y de todos. También se reniega de Dios que nos permite tales desgracias. Esta caída, la de renegar de Dios, es una caía de muchas familias.

Oración: Señor Jesús, que caíste en tierra por tercera vez bajo el peso de la cruz. Ayuda a los matrimonios que sufren la cruz de la enfermedad, ayúdales a comprender que el dolor es el camino y el medio de la redención. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

X ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

X ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

X ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Los padres tienen que despojarse de su autoritarismo y su paternalismo.
Por fin llegan al Calvario. Jesús consigue llegar con vida a la cumbre del pequeño monte. Pero aún quedaba algo. La pasión de Cristo fue total. No quedó en su cuerpo ni en su espíritu un solo rincón sin dolor. Allí lo desnudan y se ve envuelto en la burla y en el desprecio de las gentes.
Mientras los hijos son pequeños, sus padres les arropan y protegen constantemente. Se les protege quizás demasiado. Se les mima.
Pero pasan los años y los hijos crecen, se hacen mayores. Quieren independizarse de sus padres, se alejan del hogar. Incluso, a veces, se revelan contra la autoridad y la protección de sus padres. Y entonces surge el drama en muchas familias.
Olvidan muchas veces los padres que sus hijos ya son mayores, que pueden volar por sí mismos, que tienen derecho a una cierta independencia y autonomía. Los padres no saben desprenderse del paternalismo y autoritarismo. Olvidan que su autoridad debe tener ya unos límites. Y sufren.
Oración: Señor Jesús que fuiste desnudado en el monte del Calvario; ayuda a los padres en la difícil tarea de despojarse de su autoritarismo y paternalismo con que anulan, sin desearlo, la personalidad de sus hijos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

XI ESTACIÓN: Jesús clavado en la cruz

XI ESTACIÓN: Jesús clavado en la cruz

XI ESTACIÓN: Jesús clavado en la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

La cruz de la ancianidad.
Y cuando llegaron a la cima del monte, después de desnudarlo, le clavaron en la cruz. Las manos y los pies. Dolor sobre dolor. Después lo levantaron y quedó colgado, suspendido entre el cielo y la tierra. Allí sirviendo de diversión para unos, de llanto para otros y de salvación para todos.
Al llegar a la cima de los años, al subir la cuesta de los muchos días, desnudándonos de agilidad y fortaleza, nos vamos haciendo viejos. Para suavizar la realidad decimos que nos hacemos mayores. Pero los años pesan. Es la pesada cruz de la edad, de la ancianidad.
Unos la sobrellevan con cierta dignidad, otros con aceptación cristiana. Muchos reniegan por haber llegado tan pronto a la cumbre de la vida.
Pidamos a Cristo clavado en la cruz por todos los que cargan con la pesada cruz de los muchos años, para que no pierdan nunca la esperanza.

Oración: Señor Jesús, que fuiste clavado de manos y pies en una cruz; te pedimos por todos aquellos ancianos que cargan con la pesada cruz de los años. Ayúdales a sobrellevar las incomodidades de la edad y a que mantengan siempre firme la esperanza. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

XII ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz

XII ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz

XII ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
La viudez: la muerte de uno de los esposos.
Ha llegado el temido final. Cristo está clavado en la cruz y desde ella entrega su vida y la entrega por amor. Perdona a sus verdugos, nos entrega a su Madre, pide agua, dice que su obra está consumada. Y muere. Las sombras y las tinieblas cubren el Calvario. Hay gente que comienza a crecer. El centurión romano dice que ese hombre era Dios. Se cumple la profecía de Jesús: “Cuando sea elevado, atraeré a todos a mí”. Todo, por lejano que nos parezca, llega en la vida. Unas cosas antes, otras después. Pero al final siempre está la muerte cierta, segura, cruel. Y tarde o temprano siempre acaba haciendo acto de presencia. Cuando muere alguien en una familia, muere algo para todos. Pero cuando muere uno de los esposos, es el otro quien más muere con él. Entonces aparecen como únicos compañeros de la viudez la sombra, el vacío, el desamparo, la soledad. Y eso nadie podrá volver a llenarlo del todo. Después sólo quedan los recuerdos, las lágrimas y las oraciones.
Pidamos a Cristo muerto en la cruz por tantos viudos, para que sean atendidos y no se encuentren solos.

Oración: Señor Jesús que moriste en la cruz y dejaste a tu Madre triste y sola; te pedimos por todos los viudos y viudas que perdieron al compañero de su vida. Hazte presente en sus vidas para que nunca se encuentren solos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

XIII ESTACIÓN: Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre

XIII ESTACIÓN: Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre

XIII ESTACIÓN: Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Cuando los hijos se mueren
La escena tenía que hacer llora hasta las piedras. María, traspasada de dolor, recoge durante unos instantes en su regazo el cadáver de su hijo. Aquel cuerpo destrozado, aunque no lo pareciera, era el de su hijo. Aquel hijo que ella había cobijado tantas veces de niño. Aquel hijo que ella había visto crecer. Aquel que “todo lo había hecho bien”, estaba ahora muerto en sus brazos.
Algunos padres viven la terrible experiencia de ver morir a un hijo. Los accidentes, la enfermedad incurable, el tumor maligno, el infarto. Cerrar los ojos a un hijo es una de las experiencias más duras y crueles de la vida. Algo que sólo puede entender quien ha tenido la desgracia de vivirla en su propia carne.
Algunos padres han bebido este amargo trago. Estos son los únicos que están en condiciones de saber cómo fue el dolor de María al tener en su regazo el cuerpo muerto de su Hijo.

Oración: Virgen María que viste morir a tu hijo en una cruz y lo recogiste después en tus brazos; ayuda a las familias que pasan por el amargo trance de perder un hijo. Dales fortaleza y esperanza. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

XIV ESTACIÓN: Jesús es puesto en el sepulcro

XIV ESTACIÓN: Jesús es puesto en el sepulcro

XIV ESTACIÓN: Jesús es puesto en el sepulcro
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. – Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
La muerte del que queda
El cuerpo de Jesús fue colocado en un sepulcro nuevo, excavado en la piedra, pero prestado. El que era dueño de cielos y tierra, muere más pobre que nadie. No tuvo ni tierra para su sepultura. Para descansar el sueño de la muerte le tuvieron que prestar un sepulcro. ¡Hasta ese despojo y entrega llegó Jesús!
La muerte, tarde o temprano, ya lo sabemos, nos llegará a todos. Aquí no valen resistencias, ni grandezas humanas. Cada uno deberá asumir su propia muerte.
Pero para un cristiano no hay lugar para la desesperanza. La esperanza cristiana borra toda sombra de duda, anula el impulso de la desesperación. Cristo nos dijo que si el “grano de trigo no muere, quedará infecundo”, y que “quien crea en Él, aunque muera, vivirá para siempre”.
Pidamos desde lo hondo de nuestro corazón al Señor que nos infunda fe en sus palabras y la esperanza en una vida eterna, a la que todos estamos llamados.
Oración: Señor Jesús que dijiste: “Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque haya muerto, vivirá para siempre”. Infunde en nuestros corazones la firme esperanza de la vida eterna. Ayúdanos a comprender que, aunque caminamos hacia una muerte segura, ese es el paso que nos conduce a una vida que no tendrá fin. Por Cristo nuestro Señor.
Padre nuestro. – Señor, pequé. – Tened piedad y misericordia de mí.

REFLEXIÓN FINAL

El Vía Crucis termina con la muerte y sepultura de Jesús. Pero esa muerte no fue sino el paso para la resurrección. Él dijo: “Si el grano de trigo no muere, no producirá fruto”. La muerte de Cristo produjo fruto abundante, el fruto del amor y del perdón. Un perdón que nos viene a todos los hombres gracias a esta muerte.
Hemos intentado con este sencillo Vía Crucis descubrir los vía-crucis que existen en tantos hogares de nuestro tiempo. En ellos sigue sufriendo y muriendo el Señor. Pidámosle que también para estas familias que llegue pronto el Domingo de Resurrección.

Cartel Campaña a favor de la vida

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